de cuando diste la vuelta en la esquina para no irte más.

Tengo un zumbidito en el pecho. A cada vuelta estrello la nariz contra el vidrio. Multicolor este exceso de piel me estorba para caminar.
Nada de lo que digo suena. Y el sueño me tiene atada desde el cuello. Cada vez nos extrañamos menos.
Y yo revoloteo y tropiezo y callo.
Y tu te avientas. Vuelas. Te sientas por el borde y agitas con el dedo el árbol remueves las piedras de color y mi reflejo me asusta.
Despierto junto a ti húmeda y desnuda. Y me caricias la espalda y me olvidas otra vez. La miro a través del vidrio. Y me corresponde la mirada
Y ella revolotea y tropieza y calla.
Encerrada en la esfera. Se compadece de mí. Estira la mano y deja caer hojas de colores.
Me hundo en su azul piensa: dentro sola envuelta en el vidrio. Peor para ella desnuda en su ropa. Abandonada en compañía.
Y ellas revolotean y tropiezan y callan.
Yo, no beso a ninguna. Duermo con las dos.
Yo, no recuerdo el ultimo instante.
Yo, ya no sé quien soy.
hemos llovido
Sí. Bueno sí.Lo acepto.
Esa canción.
Aprieto las piernas.
Me muerdo la yema de los dedos. Arduamente. Hasta la sangre.
Y por más que peino el cabello y tenso el cuerpo. Es tarde.
Gahan suena desde el punto – a mitad de las piernas- donde comencé a ser dibujada.
Y mis caderas se revelan. Tengo una cámara enfrente.
El jefe adivinaría lo que sucede si me diera el saludo a dos pasos,
Si oliera el rastro que me recorre el cuello y me pone en pie los pezones.
Los dedos de mis pies se tuercen dentro de los zapatos, y una rodilla sobre otra,
refugio de los gritos húmedos que no logro callar.
En honor a ti Leonora … Todo es, huele y sabe a Condemnation.
en un WALT MART cualquiera.
Author: Hozbelya /Te acercaste por detrás, y dijiste: Indecisa. O quizás,¿ exigente?
¿Perdón? musite . Sin saber si estaba más sorprendida que asustada.
Llevo un rato mirándole, y no se decide
No había necesidad del contacto como tal, para saber lo que ocurría debajo de tu pantalón. Y de mientras yo no sabía si gritar, hacerte a un lado o seguir oliendo tu aliento que se imponía por encima de los olores de las cestas de alimentos, por encima de los perfumes de las mujeres que pasaban con sus carritos, por encima del ruido y por encima de mi propio miedo.
Supe que el frío y tu voz hicieron lo propio. Yo nada más pague en la caja.
Y para cuando comencé a cortar los trozos
No me gustas más.
Ahora me gusta tu mujer. Por vulgar y por ingenua.
Me gusta por que seguramente duerme junto a ti olisqueándote el ombligo para ver si me encuentra.
Me gusta por desgraciada y altanera.
Por que me gusta burlarme de mí a través de ella.
A ti, insignificante papá de domingo, de alcantarilla y parque; De ti no espero más nada.
Ella más, me motiva por neurótica, por la forma en la que rastrea como perro de caza.
Me gusta por bella, por que me reta.
Grita al silencio y espera que aparezca de entre las sombras
me gusta este juego entre ella-yo.
Me dan ganas de abofetearla para decirle que no eres más que un triste pedazo de carne, una foto vieja.
En fin, que luche por tu torso, entérala: de ustedes yo me quedo con ella.
Amén.
No. Le he dicho que no. No puedo verte; yo no resistiría tu entierro, no podría ponerte en una caja.
me siento particularmente excitada esta noche
I don’t want your things. I want your love and I want it now.
nos hemos vuelto a encontrar
no me has negado el saludo
y yo cada vez más húmeda,
y tu cada vez mas mordaz.
y tu pagas la cuenta,
yo tomo el bolso,
la azotea con el campo de luciérnagas artificiales,
tu piel de sal, de noche.
Has vuelto, nos hemos encontrado.
duermete mi niño, duermeteme ya, por que viene el coco y te comera.....
Author: Hozbelya /Y me queda
La mira de Marcelino con la gelatina roja en la mano,
El ruidito de la manteca tronando cuando la abuela le da vuelta a las gordas,
el olor del jardín de mi padre, y las “damas de noche” de mi abuelo,
los ruidos del mercado de la tía y el olor de mimbre del sábado de mercado,
el abanico que expande el olor del talco de mi abuela.
Los dedos largos de la mujer blanca con cada uno de sus anillos,
la araña empapada de rocío en la esquina de mi balcón.
La sirena del barco en la ola de sal que me dice adiós,
el trazo del kepí blanco y tus ojos debajo de él.
la sonrisa de todas mis mujeres.
La barriga del viejo amante,
un condón verde y una taza a de café a medio terminar.
Las sonrisas de todo un mundo que entran y salen por la ventana.
Los tazones de cereal y la voz de la cajera,
La carrera del niño con el lazo rojo,
Los gritos de Rebeca;
Esa luz anaranjada que desdibuja mi espalda,
un cocodrilo y un par de ojos verdes,
una línea roja en el pecho
Adiós de los que se han ido,
Adiós a los que se han quedado

a tanto alaciarse el cabello,
se le han caído las manos.
uno a uno los deditos, se han podrido y secado.
y de tanto silbar el mismo adiós,
la sal le ha mermado los labios.
ya nadie puede leerle,
ya nadie puede adivinarle el futuro.
en los rojos senos,
se adivina ahora el azul de lo que se muere,
que alcanza ya el largo de sus lágrimas.
ha dejado de ser pez.
y ha vuelto a ser persona.


